Y si el alzhéimer y el cáncer fueran enfermedades transmisibles
Hoy
Vistas: 827 648

El microbioma es un gran aliado de nuestra salud. Desempeña un papel fundamental en el funcionamiento del sistema inmunitario y digestivo, entre muchos otros. Sin embargo, todavía hay un conocimiento muy limitado sobre cómo las bacterias y otros microbios que componen el microbioma se adquieren y transmiten entre los individuos.

Ahora un equipo de investigadores coordinados por Nicola Segata, del Departamento de Biología Celular, Computacional e Integrativa-Cibio de la Universidad de Trento y del Instituto Europeo de Oncología (Italia), ha determinado dos aspectos fundamentales en cómo el ser humano adquiere el microbioma: primero, confirma que la primera transmisión del microbioma intestinal ocurre al nacer y es muy duradera, de hecho, las bacterias del microbioma materno se pueden detectar en personas mayores. Pero además desvela que los bebés carecen de muchas de las especies bacterianas que son comunes en los adultos, que se van adquirir a lo largo de la vida.

Pero sobre todo el trabajo que se publica en «Nature», y en el que han participado 18 centros de investigación de todo el mundo plantea una pregunta: ¿Y si algunas enfermedades consideradas no transmisibles, en realidad, lo fueran?

En sus conclusiones, los investigadores escriben que «los resultados refuerzan la hipótesis de que algunas enfermedades y condiciones que actualmente se consideran no transmisibles deben reevaluarse, y que tener en cuenta la transmisibilidad y la estructura de la red social mejorará el diseño de futuras investigaciones de microbiomas».

Durante la edad adulta, explica Nicola Segata, las fuentes de nuestros microbiomas son principalmente las personas con las que estamos en contacto cercano. «La duración de las interacciones (piense, por ejemplo, en estudiantes o parejas que comparten un apartamento) es aproximadamente proporcional a la cantidad de bacterias intercambiadas».

En muchos casos, sin embargo, las bacterias pueden propagarse incluso entre individuos que tienen interacciones superficiales y ocasionales.

«La transmisión del microbioma tiene implicaciones importantes para nuestra salud», apunta Segata, «ya que algunas enfermedades no transmisibles (como las cardiovasculares, la diabetes o cáncer) están parcialmente vinculadas a una composición alterada del microbioma».

Así, añade, la demostración de que el microbioma humano es transmisible podría sugerir que algunas de estas enfermedades, actualmente consideradas no transmisibles, podrían, al menos hasta cierto punto, ser comunicables. Por lo tanto, más estudios sobre la transmisión del microbioma pueden avanzar en la comprensión de los factores de riesgo de estas enfermedades y, en el futuro, explorar la posibilidad de reducir dicho riesgo, si lo hubiera, con terapias que actúen sobre el microbioma o sus componentes transmisibles».

Para Carmen Muñoz Almagro, directora del Laboratorio de Microbiología en el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, la relevancia del proyecto es que hay muchos estudios que sugieren que enfermedades no transmisibles como la diabetes, el cáncer o el alzhéimer estarían relacionadas con la composición del microbioma de las personas. «La posibilidad de que estos microorganismos puedan transmitirse podría cambiar en un futuro la clasificación de estas enfermedades a enfermedades transmisibles susceptibles de terapia dirigida contra los microorganismos responsables de la enfermedad», señala a Science Media Centre.

«Para confirmar estas hipótesis son necesarios más estudios y que las autoridades sanitarias y de investigación apuesten decididamente por explorar y descubrir la relación del microbioma humano con la salud y la enfermedad», añade.

El estudio plantea muchas cuestiones, reconoce la primera autora, la investigadora española Mireia Valles-Colomer. «Estamos al inicio; sabemos mucho de la transmisión del Covid pero del microbioma no sabemos casi nada de cómo llegan esos microorganismos a nuestro cuerpo y sin los cuales no podríamos vivir».

Hasta ahora, cuenta a ABC Salud, se había estudiado sobre todo la transmisión durante el parto porque en metagenómica hacen falta métodos de alta resolución para hacer este análisis.

Nacemos casi estériles. Durante el primer año se produce un 50% de transmisión madre-bebe. Posteriormente, explica Valles-Colomer, la capacidad de adquirir nuevas bacterias disminuye.

Este es el trabajo más grande y diverso hasta la fecha sobre la transmisión del microbioma humano.

Los investigadores analizaron cómo se transmiten las bacterias entre generaciones (transmisión vertical) y entre personas que viven en estrecho contacto entre sí, como parejas, hijos o amigos (transmisión horizontal).

En total, analizaron más de 9.000 muestras de heces y saliva de participantes en 20 países y todos los continentes del mundo.

La transmisión por parte de la madre al nacer es mínima, pero cuanto más tiempo pasan juntas las personas, más bacterias comparten

 

El estudio primero confirmó que la primera transmisión del microbioma intestinal ocurre al nacer y es muy duradera. De hecho, «las bacterias del microbioma materno se pueden detectar en personas mayores», asegura Valles-Colomer.

Sin embargo, los bebés carecen de muchas de las especies bacterianas que son comunes en los adultos. « Muchas de ellas no toleran el oxígeno, es decir, no las encontramos en el ambiente, por lo que es muy probable que se adquieran a partir de otras personas».

Los investigadores también descubrieron que el microbioma oral se transmite de una manera diferente al microbioma intestinal. De hecho, las bacterias presentes en la saliva se transmiten con mayor frecuencia, pero sobre todo de forma horizontal. La transmisión por parte de la madre al nacer es mínima, pero cuanto más tiempo pasan juntas las personas, más bacterias comparten.

Valles-Colomer, que rastreó la transmisión de más de 800 especies de bacterias, afirma que el estudio «ha encontrado evidencia de un amplio intercambio del microbioma intestinal y oral vinculado al tipo de relación y estilo de vida».

Los resultados, asegura, sugieren que las interacciones sociales en realidad dan forma a la composición de nuestros microbiomas.

El estudio primero confirmó que la primera transmisión del microbioma intestinal ocurre al nacer y es muy duradera

«También hemos encontrado que ciertas bacterias, especialmente aquellas que sobreviven mejor fuera de nuestro cuerpo, se transmiten con mucha más frecuencia que otras. Algunos de estos son microbios de los que sabemos muy poco, ni siquiera tienen nombre».

El informe asimismo muestra que las bacterias se pueden adquirir a lo largo de toda una vida. En nuestro estudio, comenta Valles-Colomer, «teníamos un grupo de personas mayores, de entre 60 y 85 años, con sus madres todavía vivas y vimos que también persistía la transmisión de bacterias».

Al analizar 9.000 muestras de diferentes países, no solo de en Europa y Estados Unidos, el trabajo constata que las personas y comunidades de países no occidentalizados tienen un microbioma diferente, en general más sano y más diverso.

También ha visto que bacterias que se encuentran en muestras fósiles de heces, presentes también en poblaciones no occidentalizadas, han desaparecido en el microbioma de las personas de los países occidentalizados.

Fuente: www.abc.es

Más noticias

Véanse también: